sábado, 1 de febrero de 2020

ESTUDIO 30 GÉNESIS 32–36: RECONCILIACIÓN CON ESAÚ:


ESTUDIO 30

GÉNESIS 32–36: RECONCILIACIÓN CON ESAÚ:

Lectura bíblica: Génesis 32:1-32.
Texto Áureo: Génesis 32:24.
Objetivo: Los alumnos aprenderán, lo desinteresado de la reconciliación entre hermanos.
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:
Estos capítulos anotan varias experiencias cruciales en la vida de Jacob mientras se dirigía de la casa de Labán a Bet-el. Nos dan tres cuadros vívidos de este hombre que nos ilustra el conflicto entre la carne y el Espíritu, la vida vieja y la nueva.

I.       Jacob El Luchador (Gn.32):
Esaú venía y Jacob estaba a punto de enfrentarse a su pasado olvidado. ¿Le perdonaría Esaú o lucharía contra él? ¿Perdería Jacob todo lo que se las había arreglado para adquirir?
Qué trágico es cuando el pasado alcanza a los pecadores. La geografía no podía borrar el pasado de Jacob, ni veinte años de historia podían cambiarlo. Pero antes de que Jacob se encontrara con Esaú, tuvo otros tres encuentros:

A.       Se Encontró Con Ángeles De Dios (vv. 1–20).
Vio primero estos ángeles en Bet-el (cap. 28) y deben haberle recordado a Jacob que Dios estaba en control. Le llamó al lugar «los dos campamentos» (el suyo y el campamento o ejército de ángeles), pero falló en cuanto a poner su fe en el Dios que años antes prometió protegerle.
Los creyentes de hoy tal vez claman Hebreos 1:14 y Salmo 91:11–13 al andar en la voluntad de Dios. Es triste, ¡pero Jacob empezó a confiar en sí mismo y en sus estratagemas de nuevo! Trató de aplacar a Esaú con regalos. Dividió su gente en dos grupos (v. 7) e ignoró el ejército protector de ángeles. Entonces, después de dar estos pasos de confianza carnal, ¡le pidió ayuda a Dios! ¿Se olvidó de cómo Dios le protegió de Labán? (31:24)

B.      Se encontró Con El Señor (vv. 21–26).
Al encontrarnos a solas con Dios es cuando las buenas cosas empiezan a ocurrir. Cristo vino para luchar con Jacob y la lucha duró toda la noche. Téngase presente que Jacob no luchaba para conseguir una bendición de Dios; más bien se defendía y rehusaba rendirse. El Señor quería quebrantar a Jacob y traerle al lugar donde sinceramente podría decir: «No yo, más Cristo» (Gál. 2:20).
Toda la noche Jacob se defendió y rehusó rendirse ni aun admitió que había pecado. ¡Entonces Dios debilitó a Jacob y el luchador sólo pudo aferrarse! Ahora, en lugar de un ardid para conseguir una bendición o regatear una bendición, le pidió a Dios la bendición… y la recibió.

C.      Se Encontró a Sí Mismo (vv. 27–32).
No nos vemos verdaderamente hasta que primero veamos al Señor. «¿Cuál es tu nombre(v. 27), fue la pregunta que obligó a Jacob a confesar su propio yo: «Jacob, el engañador». Una vez que se enfrentó a sí mismo y confesó su pecado, Jacob pudo ser cambiado. Dios le dio un nuevo nombre: «Israel, príncipe con Dios» o «hombre gobernado por Dios».
La manera de tener poder con Dios es que Él nos quebrante. Dios también le dio un nuevo comienzo y un nuevo poder al empezar a «andar en el Espíritu» y no en la carne. Esto se ilustró con un nuevo andar, porque Jacob cojeaba. Dios lo quebrantó, pero su cojera era una señal de poder y no de debilidad. El versículo 31 indica la aurora de un nuevo día, puesto que el sol salió y Jacob cojeó al ir al encuentro con Esaú, ¡con la ayuda de Dios!

II.      Jacob El Reincidente (Gn.33–34):
Hubiera sido maravilloso que Jacob viviera a la altura de su nuevo nombre y su nueva posición con Dios, pero no fue así. El capítulo empieza con «Jacob» el viejo nombre, no «Israel» el nuevo, y le vemos «alzando sus ojos», andando por vista, no por fe. Veamos lo que Jacob perdió porque no reclamó sus privilegios espirituales:

A.      Su Cojera (33:3).
Se postró ante Esaú en lugar de caminar (cojeando) y enfrentarle hombre a hombre. ¡Es siempre trágico cuando un «príncipe con Dios» se amilana ante un hombre del mundo! Mejor cojear por fe que postrarse en autoconfianza.

B.     Su Poder (33:1–2,8–11).
Vemos a Jacob urdiendo estratagemas de nuevo, regateando con el enemigo. ¿No le garantizó Dios su poder? ¿No le prometió hacerle salir adelante?

C.      Su Testimonio (33:12–17).
Jacob mintió a Esaú acerca de sus rebaños y viajó en dirección opuesta. Los dos nunca más volvieron a encontrarse hasta que sepultaron a su padre (35:29). Sin duda en esa reunión Esaú le preguntó a Jacob lo que le ocurrió después que se separaron.

D.      Su Tienda (33:17).
Jacob construyó una casa y se estableció en sucot.

Ayuda Hermenéutica:

H5523 סֻכּוֹת = Sukkót: o סֻכֹּת = Sukkót; plural de H5521; cabañas, enramadas; Sukot, nombre de lugar en Egipto y de tres en Palestina:- Sucot. (Strong).

E.      Su Visión (33:19).
Se mudó de nuevo y levantó su tienda hacia la ciudad de Siquem, no muy diferente de Lot (13:12). Perdió la visión de la ciudad de Dios (Heb. 11:13–16).

Ayuda Hermenéutica:

H7928 שֶׁכֶם = Shékem: por H7926; Shekem, nombre de un heveo y dos israelitas:- Siquem. (Strong).

F.      Su Hija (34).
Como Lot, Jacob puso a su familia en el lugar de la tentación y, cuando su hija inspeccionó la ciudad, la violaron. Triste como suena, los hijos de Jacob eran mentirosos como su padre. Es más, usaron el sagrado rito de la circuncisión para lograr su treta malvada. Los versículos 30–31 sugieren que Jacob estaba egoístamente más preocupado por su seguridad y bienestar que por los pecados de su familia.

Ayuda Hermenéutica:

H1783 דִּינָה = Diná: femenino de H1779; justicia; Dina, hija de Jacob:- Dina. (Strong).

NOTA: Siquem viola a Dina. 34:1-4. Dina es la última hija de Lea. Jacob queda establecido en Siquem por varios años, de tal manera que ahora sus hijos son adultos y su hija ya está en edad matrimonial. Las relaciones con los de Siquem son pacíficas y con deseos de socializar con las jóvenes, Dina va a la ciudad de Siquem. Allí, Siquem, el hijo del rey de la ciudad, toma a Dina y la viola.
Pero el joven se siente ligado a Dina, se enamora de ella y pide al padre que la procure como su esposa. Desde un punto de vista social, aquí hay un intento de este hombre de enmendar el error cometido. No es el sentido de culpa moral o religiosa, sino el enamoramiento que lo motiva a buscar matrimonio. Es interesante notar que en otro incidente similar, en vez de amor, surge odio hacia la violada (2 Sam.13:12-15).

¿Cuándo empezó todo esto? Cuando Jacob no vivió de acuerdo a su nueva posición con Dios. ¿Por qué hoy los cristianos del NT., hacen tretas, pecan y fallan? Porque no viven de acuerdo a su posición celestial en Cristo (Ef. 4:1ss).

III.    Jacob El Viajero (Gn.35–36):

Nótese: cuán a menudo Jacob «salió» en estos capítulos (35:5, 16, 21). Dios le había llamado a que volviera «a Bet-el» (v. 1), de nuevo al lugar de la visión y del voto.

Cuando una persona reincide (como Jacob), no hay nada que hacer sino regresar al lugar de la dedicación y renovación de sus votos. Antes de poder llevar a su gente de nuevo al altar, sin embargo, Jacob tenía que «limpiar su casa», los dioses ajenos y enterrar las joyas asociadas con la adoración pagana.
El único lugar para el pecado es la tumba. Es más, hay cuatro tumbas en este capítulo:
§  La tumba de los ídolos (v. 4),
§  La tumba de Débora (v. 8),
§  El sepulcro de Raquel (v. 19), y
§  La tumba de Isaac (v. 29).

Jacob regresó a Bet-el y edificó un altar. Dios le encontró en una nueva manera y le recordó su nuevo nombre, Israel. Dios reafirmó las promesas que le dio a Abraham y a Isaac, y Jacob respondió levantando un nuevo monumento y ungiéndolo como lo había hecho años antes. Un creyente que reincide no necesita una nueva experiencia para arreglar cuentas con Dios. Sólo necesita reafirmar la vieja experiencia de una nueva manera.
Qué extraño que Raquel muriera poco después que Jacob fue restaurado a la comunión con Dios. Las grandes experiencias espirituales no son un seguro contra las aflicciones y pruebas de la vida.
Y sin duda Jacob estaba más capacitado para soportar su aflicción ahora que antes de construir ese altar. Todo lo que Jacob perdió lo recuperó debido a que encontró a Dios en el altar.
No sólo hay tristezas en la familia del creyente consagrado, sino también pecados (v. 22). Rubén nació en medio de grandes expectaciones (29:32) y Jacob dijo años más tarde que Rubén podría haber logrado mucho (49:3):
v Pero Rubén era inconstante; le faltaba carácter piadoso (49:4); y
v Por consiguiente, perdió la primogenitura que le pertenecía (1 Cron. 5:1–2) y tuvo que dársela a Judá y a José.
v El pecado jamás trae bendición; siempre es costoso.

El acto final de este viaje fue que Jacob y Esaú sepultaron a su padre. Jacob había planeado ver de nuevo a su madre, pero ella murió antes de que él regresara a su hogar. El capítulo 36 nos cuenta la historia de Esaú, porque Dios en efecto le hizo una nación poderosa. Desafortunadamente los edomitas fueron enemigos del pueblo de Dios durante siglos.

CUESTIONARIO:
¿Cómo se llamaba la hija de Jacob?
         ¿Cuál fue, el pecado que cometió Rubén, contra su padre?
¿Por qué fue la venganza de los hijos de Jacob contra el pueblo?




CON RELACIÓN A LA VIDA DE FAMILIA, Y LAS VICTORIAS: EFESIOS 6:


CON RELACIÓN A LA VIDA DE FAMILIA, Y LAS VICTORIAS:
EFESIOS 6:
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:
Esta sección final (6:10–24) nos dice cómo andar en victoria. Es triste cuando los creyentes no conocen las provisiones que Dios ha hecho para la victoria sobre Satanás. Cristo ha vencido por completo a Satanás y a sus huestes (Col. 2:13–15; Ef. 1:19–23) y su victoria es nuestra por fe.

I.      El Enemigo Contra El Cual Luchamos (Ef.6:10–12):
Satanás es un enemigo fuerte, de modo que Pablo nos exhorta a que nos fortalezcamos. Pablo sabía que la carne es débil (Mr. 14:38) y que podemos vencer únicamente en el poder de Cristo.

Nótese: que antes de que Pablo nos diga en el versículo 11 que estemos firmes, en el versículo 10 nos ordena a fortalecernos. ¿Cómo recibimos esa fortaleza para estar firmes? Al darnos cuenta de que estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales muy por encima de todos los principados y potestades de Satanás (1:19–23) y que el mismo poder de Dios está a nuestra disposición mediante el Espíritu que mora en nosotros (3:14–21).

Debemos sentarnos antes de poder caminar y debemos andar antes de poder estar firmes. Debemos entender nuestra posición espiritual antes de que podamos tener poder espiritual.
Muchos eruditos bíblicos creen que Satanás fue el querubín ungido al que Dios puso a cargo de la tierra recientemente creada (Ez. 28:11–19). Por su orgullo cayó (Is. 14:9ss) y arrastró consigo una multitud de seres angélicos que ahora forman su ejército de principados y potestades.
Satanás tiene acceso al cielo (Job 1–3), pero un día lo echarán fuera (Ap. 12:9ss). Es el engañador (2 Cor. 11:3) y el destructor (Ap. 9:11, donde Abadón[1] significa «destructor»), porque se presenta como serpiente y como león (1 P. 5:8–9). Los cristianos debemos darnos cuenta de que no luchamos contra sangre y carne, sino contra «el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia» (Ef. 2:2).
Así como el Espíritu de Dios opera en los creyentes para hacerlos santos, el espíritu de desobediencia (Satanás y sus demonios) opera en los incrédulos. Qué necio es luchar contra sangre y carne cuando el enemigo real está usando simplemente la carne y la sangre para obstruir la obra del Señor.
Esta fue la equivocación que Pedro cometió en el huerto del Getsemaní cuando trató de vencer al diablo con la espada (véase Mt. 26:51). Moisés cometió la misma equivocación cuando mató al egipcio (Hch. 7:23–29). La única manera de luchar contra los enemigos espirituales es con las armas espirituales: la Palabra de Dios y la oración.
Debemos estar alertas contra las asechanzas del diablo (Ef. 6:11), lo cual significa su estrategia, sus maquinaciones (2 Cor. 2:11) y artimañas (1 Tim. 3:7). Es el gobernador de las tinieblas y usa a las tinieblas (ignorancia y mentiras) para promover su causa (2 Cor. 4:1ss; Lc.22:53).

II.     El Equipo Que Usamos (Ef.6:13–17):
Es importante que el cristiano «no le dé lugar al diablo[2]» (4:27), o sea, que no deje ningún área desprotegida como para que Satanás encuentre una rendija para meter el pie.

NOTA: Ef.6:10-18. La guerra espiritual = LA GUERRA DE LA FE. Pablo nos amonesta a que tomemos toda la armadura de Dios, a fin de estar firmes contra las fuerzas del infierno. No cabe dudas que nuestra lucha no es contra fuerzas físicas, sino contra poderes invisibles, los cuales han definido claramente niveles de autoridad dentro de una esfera real, aunque invisible, de actividad.
Sin embargo, Pablo no solamente nos advierte de una estructura bien definida en la esfera invisible, sino que nos insta también a tomar toda la armadura de Dios para que mantengamos una «posición de combate» contra esta invisible estructura satánica. Toda esta armadura no constituye tan solo una protección pasiva contra el enemigo; ella debe ser usada como arma ofensiva contra las fuerzas satánicas.
Nótese la última recomendación de Pablo: Debemos orar[3] «en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu» (v. 18). Así, la oración no es tanto un arma, ni aun una parte de la armadura, como el medio por el cual entramos en la batalla misma y realizamos el propósito para el cual nos hemos armado.
Tomar la armadura de Dios es prepararnos para la batalla. La oración es la batalla en sí misma, con la Palabra de Dios como nuestra arma principal, que empleamos en la lucha contra Satanás.  (*Ef.6:8-17).

La armadura que Pablo describe es para protección; la espada (la Palabra de Dios) es para la batalla real. Cada parte de la armadura espiritual nos dice lo que los creyentes deben tener para estar protegidos contra Satanás:
v Verdad: Satanás es un mentiroso, pero el cristiano que conoce la verdad no será engañado.
v Justicia: Esto quiere decir el andar diario consistente del cristiano. Satanás es el acusador (Ap. 12:10), pero el creyente que anda en la luz no le dará a Satanás oportunidad para atacar. Estamos en la justicia imputada de Cristo y andamos en la justicia impartida del Espíritu Santo.
v Paz: Satanás divide y destruye. Cuando el creyente anda en la senda de paz, el camino del evangelio, Satanás no puede alcanzarlo. Los pies del cristiano deben estar limpios (Jn. 13), ser hermosos (Rom. 10:15) y calzados con el apresto del evangelio. Los cristianos que están listos para testificar de Cristo tendrán un tiempo más fácil para derrotar al maligno.
v Fe: Satanás es la fuente de la incredulidad y la duda. «¿Conque Dios os ha dicho?», es su pregunta favorita (Gn. 3:1). La fe es lo que vence a cualquier enemigo (1 Jn. 5:4). A medida que el creyente usa el escudo de la fe, apaga los dardos de fuego de la incredulidad y la duda.
v Salvación: Este versículo (17) quizás se refiera a nuestra suprema salvación cuando Cristo vuelva (véase 1 Ts. 5:8). El creyente cuya mente está fija en la inminente venida de Cristo no caerá en las trampas de Satanás.
La esperanza bendita debe ser como un casco que protege la mente y el entendimiento. A Satanás le encantaría hacernos creer que Cristo no va a regresar y que tal vez no sea hoy en día. Lea Mateo 24:45–51 para ver lo que le sucede a la persona que se quita el yelmo de la salvación.

En Otras Palabras:
Luchamos en una guerra espiritual, todos los creyentes se ven acosados por los ataques de Satanás porque ya no pertenecen a su bando. Sin embargo, Pablo nos dice que usemos cada pieza de la armadura de Dios para resistir sus ataques y permanecer firmes aun en medio de los mismos:
1- Cinturón: Verdad.
Satanás lucha con mentiras y algunas veces estas parecen ciertas; pero solo los creyentes tienen la verdad de Dios, que puede derrotar las mentiras de Satanás.
2- Coraza: Justicia.
Satanás, a menudo, ataca nuestros corazones: el centro de nuestras emociones, autoestima y confianza. La aprobación de Dios es la coraza que protege nuestros corazones. Él nos aprueba porque nos ama y envió a su Hijo a morir por nosotros.
3- Calzado: Buena disposición para difundir las buenas nuevas.
Satanás quiere que pensemos que anunciar las buenas nuevas a otros es una tarea sin valor e imposible, la tarea es muy grande y la respuesta negativa demasiada. Pero el "calzado" que Dios nos ha dado es la motivación para continuar proclamando la paz verdadera que está al alcance en Dios, noticia que todos necesitan escuchar.
4- Escudo: Fe.
Lo que vemos son los ataques de Satanás en forma de insultos, contrariedades y tentaciones. Pero el escudo de la fe nos protege de los dardos de fuego que arroja el maligno. Con la perspectiva de Dios, podemos ver más allá de nuestras circunstancias y tener presente que la victoria final es nuestra.
5- Yelmo: Salvación.
Satanás quiere que dudemos de Dios, de Jesús y de nuestra salvación. El yelmo protege nuestras mentes de poner en duda la obra salvadora de Dios efectuada a nuestro favor.
6- Espada: El Espíritu, la Palabra de Dios.
La espada es la única arma ofensiva en esta lista de la armadura. Hay momentos cuando necesitamos emplear la táctica ofensiva contra Satanás. Cuando somos tentados, necesitamos confiar en la verdad de la Palabra de Dios.

Estos componentes de la armadura son para la protección del creyente; la espada del Espíritu y la oración son las armas para atacar las fortalezas de Satanás y derrotarlo. El cristiano debe luchar contra los enemigos espirituales con armas espirituales (2 Cor. 10:4) y ¡la Palabra de Dios es la única espada que necesitamos!
La espada de Dios tiene vida y poder (Heb. 4:12) y nunca pierde su filo. Los cristianos conquistan a medida que comprenden, memorizan y obedecen la Palabra de Dios.

III.    La Energía Que Usamos (Ef.6:18–24):
La armadura y las armas no son suficientes para ganar una batalla; tiene que haber energía para hacer el trabajo. Nuestra energía viene de la oración. Usamos la espada del Espíritu y oramos en el Espíritu:
·      El Espíritu Santo nos fortalece para que ganemos la batalla.
Lea de nuevo Efesios 3:14–21 y atrévase a creerlo. La Palabra y la oración son dos recursos que Dios le ha dado a la Iglesia para vencer al enemigo y ganar territorio para la gloria de Dios.

Note: Hechos 20:32 y 6:4; también 1 Samuel 12:23.

Los soldados cristianos deben orar con sus ojos abiertos. «Velar[4] y orar» es el secreto de Dios para vencer al mundo (Mr. 13:33), la carne (Mr. 14:38) y al diablo (Ef 6:18).
También debemos «velar y orar» por oportunidades para servir a Cristo (Col. 4:2, 3). No debemos orar sólo por nosotros mismos, sino también por los soldados hermanos (6:19ss). Pablo nunca fue demasiado orgulloso como para no pedir oración.
Quería tener el poder para ser capaz de dar a conocer el misterio (véase 3:1–12), el mismo mensaje que lo llevó a la prisión. «Embajador[5] en cadenas» es un título peculiar, sin embargo, eso es exactamente lo que Pablo era. Encadenado a un soldado romano diferente cada seis horas Pablo tenía una excelente oportunidad para testificar de Cristo.
Pablo concluye esta magnífica epístola con varios asuntos personales, sabiendo que sus amigos desearían saber su condición. Sin duda, podrían orar más inteligentemente por él si sabían sus necesidades. Pero Pablo quiere darles consuelo también (v. 22). Pablo era un verdadero santo, tomando de la provisión de Dios para todas sus necesidades.
___________
Notas:
[1] G3 Ἀβαδδών = Abaddón: de origen hebreo [H11]; ángel destructor:- Abadón.
H11 אֲבַדּוֹן = abaddón: intensivo de H6; abstractamente perecer; concretamente Hades:- Abadón. (Strong).
[2] G1228 διάβολος = diábolos: de G1225; calumniador; específicamente Satanás [Compare H7854]:- calumniador, diablo. (Strong).
[3] G4336 προσεύχομαι = proseújomai: de G4314 y G2172; orar a Dios, i.e. suplicar, adorar:- hacer oración, orar, pedir. (Strong).
[4] G69 ἀγρυπνέω = agrupnéo: combinación de G1 (como partícula negativa) y G5258; estar insomne, i.e. mantenerse despierto:- velar.
[5] G4243 πρεσβεύω = presbeúo: de la base de G4245; ser un anciano, i.e. (por implicación) actuar como representante (figurativamente predicador):- embajador. (Strong).

Clase Para El Miércoles:

Lea Su Biblia, Lea Su Biblia, Lea Su Biblia.







SU ADVERTENCIA A ISRAEL TOCANTE A SUS DEMANDAS DE UN REY: 1 SAMUEL 8–15:

SU ADVERTENCIA A ISRAEL TOCANTE A SUS DEMANDAS DE UN REY:
1 SAMUEL 8–15:
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:
Estos capítulos abarcan la primera etapa de la vida de Saúl y narran los pecados que condujeron a que Dios lo rechazara.

I.       La Petición De Un Rey (1 SAMUEL 8–10):
Jehová Dios había sido Rey de Israel y había cuidado a la nación desde sus inicios; pero ahora los ancianos de la nación querían un rey para que los dirigiera. Su petición la motivaron varios factores:
(1)   Los hijos de Samuel no eran piadosos y los ancianos temían que cuando Samuel muriera llevarían a la nación a descarriarse;
(2)    La nación tuvo una serie de líderes temporales durante el período de los jueces y los ancianos querían un gobernante más permanente; y
(3)   Israel quería ser como las otras naciones y tener un rey a quien honrar. Las poderosas naciones alrededor de Israel eran una amenaza constante y los ancianos sentían que un rey les daría más seguridad.

La reacción de Samuel al pedido muestra que comprendió por completo su incredulidad y rebelión; que estaban rechazando a Jehová. Al escoger a Saúl la nación rechazó al Padre; mucho después, al escoger a Barrabás, rechazaron al Hijo; y cuando escogieron a sus líderes en lugar del testimonio de los apóstoles, rechazaron al Espíritu Santo (Hch. 7:51).
Aquí tenemos una ilustración de la voluntad permisiva de Dios: Les concedió su petición, pero les advirtió lo que les costaría. Véase en Deuteronomio 17:14–20 la profecía de Moisés en cuanto a este suceso. ¡La nación escuchó a Samuel y luego de todas maneras pidieron rey! Querían ser como las demás naciones, aun cuando Dios los llamó a que fueran un pueblo separado de las naciones. El capítulo 9 explica cómo Saúl fue traído a Samuel y ungido en privado para ser rey.

Nótese: su humildad en 9:21 y también en 10:22 cuando vaciló para ponerse ante el pueblo. Dios le dio a Saúl tres señales especiales para confirmarle (10:1–7). Samuel también instruyó a Saúl para que se quedara en Gilgal y esperara su regreso (10:8). El versículo 8 debería traducirse: «Cuando vayas antes que yo a Gilgal»; o sea, en alguna fecha futura cuando Saúl tuviera el ejército listo para la batalla. Este suceso ocurrió varios años más tarde; véase el capítulo 13.

Saúl Tenía Todo a Su Favor:
(1)     Un cuerpo fuerte, 10:23;
(2)     Una mente humilde, 9:21;
(3)     Un nuevo corazón, 10:9;
(4)     Poder espiritual, 10:10;
(5)     Amigos leales, 10:26; y sobre todo,
(6)   La dirección y oraciones de Samuel. Sin embargo, a pesar de estas ventajas, fracasó miserablemente.
   
¿Por qué? Porque no le permitió a Dios ser el Señor de su vida.

II.     La Renovación Del Reino (1 SAMUEL 11–12):
Saúl regresó a su casa y en realidad estaba renuente para hablar de su gran experiencia. Téngase presente que esto fue al principio del reino cuando todo era nuevo. Samuel era aún el líder espiritual de la tierra, y él y Saúl esperaban la dirección de Dios concerniente al futuro de la nación. Sin los medios modernos de transporte o comunicación, hubiera llevado meses para que Saúl y Samuel convocaran al pueblo.
La primera oportunidad de Saúl llegó cuando Nahas amenazó a la nación. No cabe duda que esta victoria nacional puso a Saúl ante el pueblo y estableció su autoridad. Algunos de sus allegados querían que Saúl matara a los Israelitas que se opusieron a que reinara (10:27), pero Saúl mostró humildad y dominio propio al dar la gloria al Señor y rehusar vengarse de otros.
Esta victoria fue la ocasión para una renovación del reino y una re dedicación de la nación. Samuel repasó su ministerio y les recordó al pueblo que él fue fiel a ellos y al Señor. Luego repasó la historia de la nación y condujo al pueblo a comprender que pecaron grandemente contra el Señor al pedir rey.
Pidió lluvia para mostrarle al pueblo su fe y el poder de Dios, y la tormenta súbita en la cosecha (acontecimiento poco común en esa época del año) atemorizó al pueblo. Admitieron su pecado y Samuel les volvió a asegurar la gracia de Dios. Necesitaban saber que su rey no les iba a salvar; sería su fidelidad y obediencia al Señor que les aseguraría las bendiciones de Dios. Se equivocaron, pero Dios lo anularía si obedecían.

III.    El Rechazo Del Rey (1 SAMUEL 13–15):
Estos tres capítulos narran tres pecados del rey Saúl; pecados que a la larga le costarían el reino.

A.     Impaciencia (cap. 13).
Ahora le llegó a Israel el día de congregarse en Gilgal como Samuel y Saúl acordaron meses antes (10:8).

Nótese: cómo Saúl se adjudica la victoria que obtuvo su hijo en Gabaa para impresionar al pueblo y lograr que lo siguieran. La vasta horda de filisteos empezó a reunirse, y mientras más esperaba Saúl, más peligrosa se ponía su situación. Si atacaba de inmediato, podía derrotar al enemigo, pero su demora sólo les daba la oportunidad de fortalecerse.

La impaciencia (e incredulidad) de Saúl le condujo a actuar sin Samuel de modo que cuando Saúl estaba ofreciendo el sacrificio apareció el profeta. Los versículos 11–12 narran las excusas de Saúl mientras trataba de echarles la culpa a Samuel y al pueblo. «¡Me esforcé!», le dijo a Samuel, pero el profeta sabía la verdad. Este era el principio del fin: si Dios no podía confiar en él para algo tan pequeño, ¿cómo podría confiarle el reino? La impaciencia de Saúl le costó el reino.

B.     Orgullo (cap. 14).
Jonatán, el hijo de Saúl, era evidentemente un hombre piadoso; porque el Señor le dio a él y a su escudero una victoria sobre los filisteos. Saúl fue sólo un espectador (vv. 16–18), pero entonces reunió sus tropas y participó en la victoria. Desafortunadamente, sin embargo, Saúl pronunció un necio voto que prohibía a sus soldados comer en ese día. ¡Cuán necio es pensar que un voto sacrificial le daría la victoria cuando su corazón no estaba bien con Dios! Más tarde se enteraría que «obedecer es mejor que los sacrificios».
Jonatán no sabía nada respecto a esta maldición, de modo que comió un poco de miel y se sintió fortalecido (v. 27), y su ejemplo de sabiduría práctica animó al ejército a proceder y comer después de su victoria (vv. 31–32). Es triste, pero los judíos tenían tanta hambre que comieron carne con sangre (Lv. 17:10–14), que era mucho peor que quebrantar el voto. Saúl trató de enmendar esto ofreciendo el despojos como sacrificio a Dios.
Cuando el ejército entabló la siguiente batalla, buscaron la dirección de Dios pero no pudieron lograr respuesta. ¡Esto llevó a Saúl a descubrir la desobediencia de Jonatán y el insensato rey iba a matar a su hijo! ¡Cuán fácil es dejarse convencer de los pecados de otro! El pueblo rescató a Jonatán, pero las acciones de Saúl revelaron las tinieblas de su corazón. Los problemas empezaron pronto. Su orgullo le haría caer.

C.     Desobediencia (cap. 15).
Dios le daría a Saúl una oportunidad más de dar prueba de sí mismo, esta vez destruyendo por completo a los viejos enemigos de Israel, los amalecitas (Dt. 25:17–19; Éx. 17:16). Pero Saúl no obedeció al Señor: conservó lo mejor de los despojos para sí mismo y no mató al rey Agag.
Dios le dijo a Samuel lo que Saúl había hecho y el entristecido profeta oró toda la noche. Cuando Samuel se acercó a Saúl, el rey le mintió y le dijo que había obedecido la Palabra de Dios. En ese momento los pecados de Saúl lo alcanzaron, porque los animales empezaron a hacer ruido.
Una vez más Saúl recurrió a las excusas: «Ellos» (el pueblo) guardó los animales, pero «nosotros» (él y los líderes) destruimos por completo el resto. Entonces Samuel le entregó el mensaje de Dios al rey rechazado:
v Saúl perdió su humildad anterior (9:21) y se tornó orgulloso y desobediente;
v Se rebeló contra la Palabra del Señor y trató de cubrir con sacrificios su desobediencia (vv. 21–23).
v Sustituyó el decir en lugar del hacer (15:13);
v Las excusas en lugar de las confesiones (15:15, 21); y
v El sacrificio en vez de la obediencia (v. 22).
Era pronto para criticar y culpar a otros, pero no estaba dispuesto a enfrentar y juzgar sus pecados.

Cuando Samuel estuvo a punto de alejarse de Saúl, el rey confesó sus pecados, pero su confesión no impresionó al profeta (vv. 24–27). La verdadera confesión involucra más que decir:
·      «He pecado»;
·      Significa arrepentimiento, y
·      Verdadera tristeza por el pecado.
Al volverse Samuel, Saúl le tomó del manto y lo rasgó, y Samuel tomó esto como una profecía de que el reino le sería quitado y dado a otro (David). El versículo 30 revela que a Saúl le preocupaba más lo que la gente pensaba que lo que Dios pensaba; quería tener una buena reputación, pero no quería un carácter verdadero.
Samuel adoró con Saúl y luego mató a Agag como Dios había ordenado, pero esta fue la última vez que Samuel anduvo con Saúl. Este perdió su mejor amigo; perdió la bendición del Señor; perdió su reino. De ahora en adelante andaría en un camino serpenteante y oscuro que acabaría con él, convirtiéndose en un fracasado que moriría a manos de uno de los mismos amalecitas que se negó destruir (2 Sam. 1:13).

Estudios para el Domingo


Lea Su Biblia, Lea Su Biblia, Lea.