lunes, 22 de enero de 2018

PENTECOSTÉS: NACIMIENTO DE LA IGLESIA: HECHOS 2:

PENTECOSTÉS: NACIMIENTO DE LA IGLESIA:
HECHOS 2:
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

El día de Pentecostés tenía lugar cincuenta días después de la Fiesta de las Primicias. (La palabra «pentecostés[1]» significa «cincuentavo»). Esta fiesta se describe en Levítico 23:15–21. Así como la Pascua es un cuadro de la muerte de Cristo (1 Cor. 5:7) y las Primicias uno de su resurrección (1 Cor. 15:20–23), Pentecostés es un cuadro de la venida del Espíritu Santo (1 Cor. 12:13).
Las hogazas de panes con levadura se presentaban ese día, un cuadro de la Iglesia compuesta de judíos y gentiles. (En 1 Cor. 10:17 la Iglesia se describe como un pan).
La levadura en el pan habla del pecado que todavía hay en la Iglesia. Hay dos referencias al bautismo del Espíritu en Hechos: sobre los judíos en Hechos 2, y sobre los gentiles en Hechos 10. Los dos panes presentados en Pentecostés eran sombra anticipada de estos acontecimientos.

I.       Los Milagros (Hechos 2:1–13):
Los creyentes estaban esperando y orando conforme Cristo les había ordenado (Lc. 24:49), y en el tiempo apropiado el Espíritu descendió. Cuando lo hizo, los bautizó en un cuerpo espiritual en Cristo (véanse Hch. 1:4–5; 1 Cor. 12:13), y les llenó con poder para testificar (Hch. 2:4). El sonido de un viento recio nos recuerda a Juan 3:8 y de la profecía de Ezequiel sobre los huesos secos (Ez. 37).
Las lenguas de fuego simbolizaban el poder divino que hablaría por Dios. No confunda estas lenguas de fuego con el bautismo de fuego al que hace alusión Mateo 3:11. El bautismo de fuego que se menciona allí se refiere al tiempo de la tribulación de Israel. Puesto que todo creyente es bautizado por el Espíritu (1 Cor. 12:13), no es correcto orar por un bautismo del Espíritu Santo y fuego. Los creyentes hablaron en lenguas.
No predicaron en lenguas, sino que más bien alabaron a Dios en idiomas que no sabían naturalmente (véase Hch. 2:11). Es evidente que estaban en el aposento alto cuando descendió el Espíritu (2:2), pero deben haber salido a los atrios del templo donde se reunió una gran multitud.  El propósito del don de lenguas fue impresionar a los judíos con el milagro que se estaba realizando.
En 10:46 los gentiles hablaron en lenguas como prueba a los apóstoles de que habían recibido el Espíritu; y en 19:6 los efesios seguidores de Juan el Bautista hablaron en lenguas por la misma razón.

II.     El Mensaje (Hechos 2:14–41):

A.     Introducción (vv. 14–21).
Pedro respondió primero a la acusación de que los hombres estaban borrachos. Ningún judío comería o bebería nada antes de las nueve de la mañana en el sabat o en un día de fiesta, y era entonces la hora tercera del día, o sea las nueve de la mañana.
Nótese: que en todo este sermón Pedro se dirige sólo a los judíos (vv. 14, 22, 29, 36):
·      Pentecostés era una fiesta judía, y
·      no había gentiles participando.
En este sermón Pedro se dirigió a la nación judía y le demostró que su Mesías se había levantado de los muertos.

En los versículos 16–21 Pedro hizo referencia a Joel 2:28–32 (lea ese pasaje con todo cuidado). No dijo que esto era un cumplimiento de la profecía, porque las palabras de Joel no se van a cumplir sino hasta el fin de la tribulación, cuando Cristo vuelva a la tierra.
Pedro sí dijo que este era el mismo Espíritu del que se habla en Joel:
Ø Los versículos 17 y 18 se cumplieron en Pentecostés,
Ø no así los versículos 19–21, y no se cumplirán sino hasta el fin de los tiempos.
Ø Entre los versículos 18 y 19 se desarrolla la era de la Iglesia.
                                                      
B.      La Explicación (vv. 22–36).
Pedro ahora demuestra a los judíos que Jesucristo estaba vivo. Usó cinco argumentos muy convincentes:
(1)   La persona y vida de Cristo exigían que Él se levantara de los muertos (vv. 22–24). Véase Juan 10:17–18. ¡El que resucitó a otros no podía quedarse muerto!
(2)     El Salmo 16:8–11 predecía la resurrección (vv. 25–31).
(3)     Los apóstoles mismos eran testigos y habían visto al Cristo resucitado (v. 32).
(4)     La venida del Espíritu es prueba de que Jesús vive (v. 33).
(5)    El Salmo 110:1 prometía su resurrección (vv. 33–35). Tenga presente que Pedro no está predicando el evangelio de la cruz como nosotros lo hacemos hoy en día.

Estaba acusando a Israel de un gran crimen (v. 23), y le advertía que había rechazado y crucificado a su Mesías (v. 36). Pedro estaba dándole a Israel una oportunidad más de recibir a Cristo. Habían matado a Juan el Bautista y a Jesús, pero ahora Dios les daba otra oportunidad.
La resurrección de Cristo fue la «señal de Jonás» prometida, que demostraba que Él era el Mesías (Mt. 12:38–40).

C.      La Aplicación (vv. 37–40).
Los hombres quedaron culpables y le pidieron consejo a Pedro. Este les dijo que se arrepintieran, que creyeran y que se bautizaran; así se identificarían con Jesús como el Cristo. Este es el mismo mensaje que predicaron Juan el Bautista (Mr. 1:4) y Jesús (Mt. 4:17).
Hacer que el bautismo sea esencial para la salvación y para recibir el Espíritu es negar la experiencia de los gentiles en Hechos 10:44–48, que es el modelo de Dios para hoy.
(Véanse las notas introductorias a Hechos). Los judíos en Hechos 2 recibieron el Espíritu cuando se arrepintieron y bautizaron; los samaritanos en Hechos 8 recibieron el Espíritu mediante la imposición de manos de los apóstoles; pero los creyentes de hoy reciben el Espíritu cuando creen, como sucedió con los gentiles en Hechos 10. No hay salvación en las aguas del bautismo, porque la salvación es por la fe en Jesús.
Pedro afirmó que la promesa del Espíritu no era sólo para los judíos presentes en Jerusalén, sino también para los esparcidos por todo el mundo (v. 39; véase Dn. 9:7). Este versículo no puede referirse a los gentiles, porque estos no recibieron ninguna promesa (Ef. 2:11, 12).

III.    La Multitud (Hechos 2:42–47):

Nótese: que los creyentes permanecieron en el templo y dieron su testimonio y adoración. El Espíritu les dio unidad de corazón y de mente, y añadía creyentes cada día a la Iglesia.
Estos versículos son una hermosa descripción de lo que será la vida durante la edad del reino.

Aun cuando la Iglesia (como nosotros la conocemos) existía entonces sólo en la mente de Dios, su plena revelación no fue efectiva sino hasta más tarde por Pablo. Hechos 2 es un mensaje para el pueblo judío, de modo que no lea en estos versículos verdades que sólo se revelaron posteriormente.
La iglesia de hoy no se reúne en el templo judío, ni se le pide que practique el comunismo. La oferta del reino estaba aún abierta y continuará estándolo hasta los sucesos de Hechos 7, cuando los líderes de la nación resistieron al Espíritu una vez más y mataron a Esteban.


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Nota:
[1] G4005 πεντηκοστή = pentekosté: femenino del ordinal de G4004; quincuagésima (G2250 implicación) de la Pascua, i.e. el festival de «Pentecostés»:- Pentecostés. (Strong).


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EL SEÑOR RESUCITADO: HECHOS 1:

EL SEÑOR RESUCITADO:
HECHOS 1:

Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

I.       Un Nuevo Libro (Hechos 1:1–2):
El «primer tratado» a que se refiere es el Evangelio de Lucas (véase Lc. 1:1–4), donde Lucas relató la historia de lo que Jesús empezó a hacer y a enseñar mientras estaba en la tierra. Hechos retoma la narración, relatando lo que Él continuó haciendo y enseñando a través de la Iglesia en la tierra.
El Evangelio de Lucas relata el ministerio de Cristo en la tierra en un cuerpo físico, en tanto que Hechos relata su ministerio desde el cielo a través de su cuerpo espiritual, la Iglesia.
Por ejemplo: en 1:24 los creyentes le piden al Cristo ascendido que les muestre a qué hombre deben elegir como apóstol. En 2:47 es el Señor el que añade creyentes a la asamblea. En 13:1–3 es Cristo, mediante su Espíritu, quien envía a los primeros misioneros; y en 14:27 Pablo y Bernabé relatan lo que Dios hizo a través de ellos.
Todo cristiano necesita salir del Evangelio de Lucas y entrar en Hechos. Saber acerca del nacimiento, vida, muerte y resurrección de Cristo es suficiente para la salvación, pero no para el servicio lleno del poder del Espíritu. Debemos identificarnos con Él como nuestro Señor ascendido y permitirle que obre a través de nosotros en el mundo.
La Iglesia no es simplemente una organización involucrada en el trabajo religioso; es un organismo divino, el cuerpo de Cristo sobre la tierra, a través del cual su vida y poder deben operar. Él murió por el mundo perdido; nosotros debemos dar nuestra vida para traer a ese mundo a Cristo.

II.     Una Nueva Experiencia (Hechos 1:3–8):
Cristo ministró a los apóstoles durante los cuarenta días que estuvo en esta tierra después de su resurrección. Se debe leer Lucas 24:36ss en conexión con estos versículos. En ambos lugares Cristo instruyó a los apóstoles a que se quedaran en Jerusalén y esperaran la venida del Espíritu. Debían empezar su ministerio en Jerusalén.
Juan el Bautista anunció este bautismo del Espíritu (Mt. 3:11; Mr. 1:8; Lc. 3:16; Jn. 1:33).

Nótese:
·  Que Cristo no dijo nada respecto a un bautismo con fuego, porque ese bautismo se refiere al juicio.
·     La venida del Espíritu uniría a todos los creyentes en un cuerpo, que se conocería como la Iglesia (véase 1 Cor. 12:13).
·      El Espíritu también les daría a los creyentes poder para ser testigos a los perdidos.
·      Finalmente, el Espíritu capacitaría a los creyentes para hablar en lenguas y hacer otras obras milagrosas para despertar a los judíos. (Véase 1 Cor. 1:22: los judíos exigen señal).
Hay en realidad dos referencias de este bautismo del Espíritu en Hechos: en el capítulo 2, cuando Él bautizó a judíos; y en el capítulo 10 (véase Hch. 11:16) cuando vino sobre creyentes gentiles. De acuerdo a Efesios 2:11ss, el cuerpo de Cristo está compuesto por judíos y gentiles, todos bautizados en este cuerpo espiritual.
Es incorrecto orar por un bautismo del Espíritu; podemos pedirle a Dios que nos llene (Ef. 5:18), o que nos dé poder para un servicio especial (Hch. 10:38), pero no debemos orar por su bautismo.
¿Era correcto que los apóstoles le preguntaran a Cristo acerca del reino? (vv. 6–8). Sí. En Mateo 22:1–10 Cristo prometió darle a la nación de Israel otra oportunidad para recibirle a Él y su reino. En Mateo 19:28 Cristo prometió que los apóstoles se sentarían en doce tronos (véase Lc. 22:28–30).
En Mateo 12:31–45 Cristo afirmó que Israel tendría otra oportunidad para ser salva, incluso después de haber pecado contra el Hijo, y prometió darles una señal para alentarles. Fue la señal de Jonás:
·      la muerte,
·      sepultura, y
·      resurrección.
Los apóstoles sabían que su ministerio empezaría con Israel (véanse las notas introductorias); ahora querían saber lo que Israel haría. ¿Aceptaría el mensaje o lo rechazaría? Cristo no les dijo si lo haría o no.
Si les hubiera dicho a los apóstoles que Israel despreciaría las buenas nuevas, no hubiera podido dar al pueblo una oferta sincera; su ministerio hubiera sido falso.
Lo que les dijo fue que debían ser testigos, empezando en Jerusalén y con el andar del tiempo llegar a todo el mundo.

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu[1] Santo[2], y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. (Hechos 1:8).

III.    Una Nueva Seguridad (Hechos 1:9–11):
No confunda las promesas del v. 11 con las del Rapto de la Iglesia dadas mediante Pablo en 1 Tesalonicenses 4. Los ángeles aquí están prometiendo que Cristo volverá al Monte de los Olivos, visiblemente y en gloria. Lucas 21:27 y Zacarías 14:4 dan la misma promesa.
Si Israel hubiera aceptado el mensaje de los apóstoles, Cristo hubiera regresado al Monte de los Olivos (véase Hch. 3:19–21) y establecido su reino. Los misioneros judíos hubieran esparcido su evangelio hasta los fines de la tierra, e Israel hubiera sido el centro de la bendición para toda la humanidad, según se promete en Isaías 35:1–6 y 65:19–23.

IV.    Un Nuevo Apóstol (Hechos 1:12–25):
¿Estuvo bien que los apóstoles seleccionarán este nuevo hombre? ¡Por supuesto! Debían tener doce hombres para sentarse en los doce tronos prometidos (Mt. 19:28; Lc. 22:28–30) si Israel se arrepentía y recibía el reino.
Su decisión se basó en la Palabra de Dios (Salmo 109:8; 69:25) y en la continua oración (Hch. 1:14, 24). El seleccionado, Matías, fue ratificado por Dios puesto que junto a los otros recibió la plenitud del Espíritu el día de Pentecostés.

Nótese: que Pedro se hizo cargo de la reunión. Este es quizás otro uso de sus poderes de «atar y desatar» que Cristo le dio en Mateo 16:19. El cielo les dirigió y ratificó su decisión después que la tomaron.

Pablo no podía ser el doceavo apóstol. Por un lado, no llenaba los requisitos que aparecen en los versículos 21–22; y además, su ministerio especial tenía que ver con la Iglesia, no con el reino.
Ahora todo estaba listo para la venida del Espíritu. Sólo era cuestión de tiempo y mientras los creyentes esperaban el día de Pentecostés, pasaban sus horas en oración y comunión en el aposento alto.
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Nota:
[1] G4151 πνεῦμα = pneúma: de G4154; corriente de aire, i.e. respiración (soplo) o brisa; por analogía o figurativamente un espíritu, i.e. (humano) el alma racional, (por implicación) principio vital, mentalmente disposición, etc., o (sobrehumano) ángel, demonio, o Dios (divino), espíritu de Cristo, el Espíritu Santo:- aliento, espíritu, espiritual, viento. Compare G5590. (Strong).
[2] G40 ἅγιος = jágios: de ἅγος jágos  (cosa terrible) [Compare G53, H2282]; sagrado (físicamente puro, moralmente sin culpa o religioso, ceremonialmente consagrado):- santísimo, santo, santa. (Strong).

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BOSQUEJO: Hechos:

BOSQUEJO: Hechos:

Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

                            Autor: Lucas:                             Fecha: 61:      

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. (Hechos 1:8). 

Bosquejo Sugerido De Hechos.

I.  El Ministerio De Pedro: Misión a Israel (1–12).
A. Pedro y los judíos (1–7).
1. Preparación para el Pentecostés (1).
2. El primer mensaje de Pedro (2).
3. El segundo mensaje de Pedro (3).
4. La primera persecución (4).
5. La segunda persecución (5).
6. El rechazo final de Israel: Matan a Esteban (6–7).
B. Pedro y los samaritanos (8).
C. La conversión de Saulo (9).
D. Pedro y los gentiles (10–11).
E. Arresto y liberación de Pedro (12).

II. El ministerio de Pablo: Misión a Judíos y Gentiles (13–28).
A. Primer viaje misionero de Pablo (13–14).
B. Pablo defiende el evangelio (15).
C. Segundo viaje misionero de Pablo (16:1–18:22).
D. Tercer viaje misionero de Pablo (18:23–21:17).
E. Arresto de Pablo y viaje a Roma (21:18–28:31).

Hechos abarca un tiempo de transición cuando Israel se retira de la escena y la Iglesia sale a primera fila. El programa profético de Dios bosquejado en el AT., da lugar a un nuevo programa, el misterio de la Iglesia. Fue principalmente a través de Pablo que Dios reveló su nuevo programa (véase Ef. 3).

Notas: Preliminares a Hechos[1]:

I.       Escritor:
Lucas, el médico amado, es el autor de Hechos. El «primer tratado» (Hch. 1:1) es el Evangelio de Lucas (véase Lc. 1:1–4). Lucas era un médico (Col 4:14) que se unió al grupo de Pablo en Troas (Hch. 16:8–10; nótese el cambio del «descendieron [ellos]» al «procuramos [nosotros]») y viajó con el misionero a Filipos.
Es evidente que se quedó en Filipos y no se unió a Pablo sino cuando este regresó de su tercer viaje (20:6). Por lo general se cree que Lucas fue un gentil.

II.     Tema:
Es de vital importancia que comprendamos el mensaje básico del libro de Hechos, y para hacerlo debemos examinarlo en sentido general para captar su mensaje. Es este libro vemos el mensaje del reino y la puesta a un lado de la situación de Israel; también presenciamos la expansión de la Iglesia y el mensaje de la gracia de Dios.
En los capítulos 1–7 definitivamente estamos en terreno judío. Si tenemos presente que Hechos es en realidad una continuación de Lucas y reflexionamos en Lucas 24:46ss, veremos por qué los discípulos empezaron en Jerusalén: Cristo les ordenó que se quedaran allí hasta que viniera el Espíritu.
Su ministerio debía empezar en Jerusalén: «al judío primeramente» (Rom. 1:16). Incluso, cuando llegamos a Hechos 8:1, hallamos a los apóstoles que con valor permanecen en Jerusalén, mientras que los demás huyen.

No desobedecían al Señor, sino seguían sus órdenes. Las siguientes son unas pocas de las muchas evidencias en Hechos 1–7 de que el ministerio de los apóstoles en este tiempo fue a los judíos y todavía era el mensaje del reino:
(1)   Los discípulos esperaban el establecimiento del reino (1:6) y Cristo no los reprendió por su petición. Él les prometió que se sentarían en doce tronos (Mt. 19:28).
(2)   Era necesario que eligieran al doceavo apóstol (1:22) para que tomara el lugar de Judas, de manera que la promesa de Cristo pudiera cumplirse. No se suponía que Pablo fuera ese nuevo apóstol, por cuanto su ministerio fue principalmente a los gentiles. Su ministerio tenía que ver con un cuerpo: la Iglesia.
(3)    Pedro predicó a los hombres de Judá, Jerusalén e Israel en su mensaje en Pentecostés (2:14, 22). No habló a los gentiles. Ante todo, fue un mensaje judío, para una congregación judía, en una festividad religiosa judía.
(4)    La profecía de Joel (Hch. 2:16ss) se relaciona en primer lugar a Israel, no a la Iglesia.
(5)  Pedro describió la cruz como instrumento de crimen, no como el remedio de la gracia de Dios para el pecado (2:22–23). Compare esto con el mensaje de Pablo en 2 Corintios 5.
(6)   El tema de Pedro en Pentecostés es la resurrección. Cristo prometió darle a Israel una señal, la del profeta Jonás, que es la muerte, sepultura y resurrección (Mt. 12:38ss). De esta señal predicó Pedro. Dios estaba ahora dándole a Israel otra oportunidad para que aceptaran al Mesías y fueran salvos.
(7)   Los apóstoles y los primeros convertidos adoraban en el templo (2:46ss; 3:1ss) y mantuvieron contacto con el ministerio del templo hasta que los expulsaron.
(8)    Pedro dijo que los días de la bendición que estaban experimentando en Hechos habían sido profetizados por los profetas del AT. (3:21, 24). Pero la Iglesia era un misterio que Dios tenía escondido y no lo dio a conocer a plenitud sino hasta el ministerio de Pablo (léase con cuidado Ef. 3). Los profetas hablaban del reino judío, no de la Iglesia. Confundir estas dos cosas crea problemas.
(9)   Jerusalén era el centro de la bendición; todo el mundo llegaba allá (5:16). Era definitivamente terreno del reino; véase Isaías 66:5ss.
(10) Pedro sin rodeos le dijo al concilio que el mensaje era de arrepentimiento para Israel (5:31).
(11) En el capítulo 7, Esteban repasó la historia de Israel y mostró cómo la nación había rechazado la verdad a través de los años. No hace falta mucho esfuerzo para ver que en los primeros siete capítulos de Hechos el interés está en la nación judía y que el mensaje tiene que ver en primer lugar al reino, no a la Iglesia. Es importante que comprendamos el porqué.

Hay tres asesinatos en la historia de Israel que marcan su rechazo a la voluntad de Dios:
·    Juan el Bautista vino predicando el reino (Mt.3:1ss) y los judíos permitieron su asesinato. De esta manera rechazaron al Padre que le envió.
·   Luego vino Jesús, predicando el mismo mensaje (Mt. 4:12–17), y le crucificaron. De este modo, rechazaron a Dios el Hijo. En la cruz Jesús oró por los judíos: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc. 23:34). Esta oración hizo posible una tercera oferta del reino mediante los apóstoles, registrada en los primeros siete capítulos de Hechos. ¿Cuál fue el resultado?
·    ¡Los líderes religiosos asesinaron a Esteban! Este fue el pecado de resistir al Espíritu Santo (Hch. 7:51), el «pecado imperdonable» de que Cristo habló en Mateo 12:31, 32. La muerte de Esteban marca el cierre de la oferta de Dios del reino a los judíos.

En los capítulos 8–12 tenemos una transición. En el capítulo 8 el evangelio va de los judíos a los samaritanos. En el capítulo 9 Pablo se convierte de una manera inusual y milagrosa, y Dios prepara al apóstol para su ministerio a la Iglesia.
En el capítulo 10 el evangelio va a los gentiles y Pedro defiende esta nueva partida en el capítulo 11. En el capítulo 12 vemos a Pedro por última vez como líder entre los creyentes. En el capítulo 13 es Pablo el que asume el liderazgo, aquí y por todo el resto del libro.

III.    La Iglesia En Hechos:
Si los primeros siete capítulos describen un mensaje que se ofrecía a los judíos, entonces, ¿dónde encaja la Iglesia, el cuerpo de Cristo?

La Respuesta:
·     la Iglesia empezó en Pentecostés, pero Dios no la reveló a plenitud sino hasta más tarde, principalmente a través de los escritos de Pablo.
Cristo prometió edificar su Iglesia (Mt. 16:18); pero casi en el mismo instante le dio a Pedro «las llaves del reino de los cielos» (Mt. 16:19). Pedro usó estas «llaves» para abrir la puerta de la fe a los judíos en Pentecostés (Hch. 2), a los samaritanos (cap. 8) y a los gentiles (cap. 10). En otras palabras, hay una transición en estos primeros siete capítulos de Hechos, con Israel y el reino saliendo de la escena, y entrando la Iglesia y el evangelio de la gracia de Dios.
Cristo les prometió a los apóstoles un bautismo del Espíritu (Hch. 1:5) y esto sucedió en Pentecostés (Hch. 2; véase 1 Cor. 12:13) y en la casa de Cornelio (Hch. 10:45; véase 11:15–17). Estos dos sucesos incluyeron tanto a judíos como a gentiles, y así se formó el cuerpo de Cristo. Los apóstoles no sabían si Israel recibiría o no su oferta del reino (1:6, 7), pero Cristo sí lo sabía. De esta manera la Iglesia estaba a punto de hacerse cargo del propósito de Dios debido al fracaso de Israel.
Es fácil ver que a medida que la acción de la Iglesia empieza a llenar las páginas de Hechos, Israel se vuelve menos y menos significativo en el programa de Dios sobre la tierra. En el capítulo final (28:17ss) Pablo pronunció el juicio de Dios sobre la nación. Como explica Romanos 9–11 Dios dejó a un lado a Israel hasta que «la plenitud de los gentiles» (Rom. 11:25) pudiera ser una realidad mediante el ministerio de la Iglesia.
Debe reconocerse este énfasis del reino que se halla en los primeros siete capítulos de Hechos; de otra manera uno pudiera aplicar ciertas prácticas que en realidad no se ajustan a la iglesia de hoy.
Por ejemplo: algunos cristianos bien intencionados quieren «regresar a Pentecostés» en busca de su ideal espiritual; pero a la luz del análisis que acabamos de hacer, Pentecostés (un festival judío) incluyó señales para los judíos que no necesariamente tienen relevancia para la iglesia de hoy.
El «comunismo cristiano» de Hechos 4:31ss no es para nosotros hoy. Fue una evidencia temporal de la obra de gracia del Espíritu, un cuadro de la bendición del reino que vendrá.
Por supuesto, los principios espirituales dados en estos capítulos se aplican a los creyentes de todas las edades; pero debemos tener cuidado de no mezclar la verdad del reino del AT., con la verdad de la Iglesia, y así confundir el mensaje y el ministerio.

IV.    El Espíritu Santo En Hechos:
A este libro se le pudiera bien llamar «Los Hechos del Espíritu Santo». Es importante notar el progreso en la experiencia de los creyentes según el libro avanza de terreno judío al terreno de la Iglesia:
Ø Hechos 2:38: Pedro les dice a los judíos que se arrepientan, que crean y sean bautizados para recibir al Espíritu.
Ø Hechos 8.14–15: Pedro ora por los samaritanos para que reciban el Espíritu, les impone las manos y reciben el don del Espíritu.
Ø Hechos 10.44: ¡El Espíritu Santo viene sobre los gentiles cuando creen, y Pedro sólo puede asombrarse!
Ø Hechos 10.44: es el patrón de Dios para hoy: oír la Palabra, creer, recibir el Espíritu y después bautizarse como evidencia de la fe.

V.     El Bautismo En Hechos:
Cuando Pedro estaba ofreciendo el reino a los judíos, el bautismo era esencial para que recibieran el Espíritu Santo (Hch. 2:38). El bautismo en el nombre del Mesías rechazado los identificaría con Él y los separaría de los demás judíos, a quienes Pedro llama «esta perversa generación» (2:40).
Pero el bautismo de los samaritanos no les concedió el Espíritu (8:12–17). Tuvieron que llamar a Pedro y a Juan, dos judíos, quienes oraron por los nuevos creyentes y les impusieron las manos; y entonces recibieron el Espíritu. Así fue el segundo uso que Pedro hizo de «las llaves del reino».
Pero el modelo del bautismo para esta edad se halla en Hechos 10:44–48: estos creyentes fueron bautizados después que recibieron el don del Espíritu.

VI.    HECHOS (El libro de acción): 28 capítulos, 1,007 versículos:
·     El versículo clave: Hechos 1:8.
·     La palabra clave: testificar.
·    Los sucesos históricos: rastrea la extensión de la iglesia desde Jerusalén a través de todo el mundo hasta Roma.
·  El mensaje moral: muestra el conflicto provocado por testificar intrépidamente de Cristo.
· El simbolismo espiritual: muestra la progresión del evangelio del reino de Dios, incluyendo a los judíos, a los samaritanos, a los gentiles y venciendo las propensiones de judaizar:
Ø Los capítulos 1–7 muestran a la iglesia en Jerusalén;
Ø los capítulos 8–12 muestran la transición de la iglesia judaica a la iglesia universal, sin acepción de personas;
Ø los capítulos 13–15 muestran la primera misión a los gentiles y la controversia respecto a ella;
Ø 15.36–18.23 muestra el segundo viaje misionero;
Ø 18.23–21.17 muestra la tercera misión;
Ø 21.18–28.31 muestra el encarcelamiento de Pablo.
Desde el principio hasta el fin el libro de los Hechos se ve la gran expansión del reino de Dios (Hechos 1:3; 28:31).
El libro de los Hechos es el único libro del Nuevo Testamento sin una bendición final. El fin llegará cuando el evangelio sea predicado a los fines de la tierra (Mateo 24:14).

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Notas:
[1] praxis = (πρα̂ξις, G4234) denota acto, transacción, un hecho cuya acción es considerada como incompleta y en progreso (comp. prásso,  = practicar). En Mateo 16:27: «obras»; en Lucas 23:51: «hechos»; en el v. 41 se usa el verbo [véase Nota (3) más abajo]; Hech.19:18: «hechos»; Rom.8:13: «obras»; Col.3:9: «hechos»; en Rom.12:4 denota una acción, ocupación o función, y se traduce «función» (rvr; rv: «operación»). Véanse OBRA.
Notas:
(1) Poiema, cosa hecha, obra hecha, se traduce «cosa hecha» en Rom.1:20; véase HECHURA.
(2) Logos, palabra, se traduce «hecho» en Marcos 1:45; véase PALABRA, etc.

(3) Prasso (véase Nº 2), se usa en Lucas 23:41, con el plural neutro del pronombre relativo: «nuestros hechos» (lit., «las cosas que cometimos»). Véase HACER, Nº 2. (VINE).