lunes, 13 de agosto de 2018

EL MINISTERIO EN CORINTO: [2] HECHOS 19:


EL MINISTERIO EN CORINTO: [2]
HECHOS 19:
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

Este capítulo relata el maravilloso ministerio de Pablo en Éfeso y narra sus contactos con tres grupos de personas.

I.       Pablo y Doce Discípulos Ignorantes (Hechos 19:1–12):
Es muy probable que estos doce hombres se convirtieron con Apolos antes de que este comprendiera a plenitud el evangelio (18:24–28). Todo lo que este elocuente predicador conocía era la enseñanza de Juan el Bautista; y después que Priscila y Aquila le instruyeron, evidentemente no pudo impartir este nuevo conocimiento a sus convertidos puesto que Éfeso era una ciudad muy grande. Cuando Pablo encontró a estos doce hombres, detectó algo que faltaba en sus vidas espirituales.
La pregunta de Pablo (v. 2) fue: «¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteisBasar en este versículo una doctrina de una «segunda bendición» es errado. El Espíritu entra en nuestras vidas cuando creemos en Cristo, no después (Ef. 1:13, 14).
Los hombres replicaron: «Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo». Sabían que existía un Espíritu Santo, por supuesto, debido a que Juan el Bautista había prometido un futuro bautismo del Espíritu (Mt. 3:11).
Lo que no sabían era que este bautismo ya había ocurrido en Pentecostés (Hch. 1:5; 2:4) y en el hogar del gentil Cornelio (10:44–45; 11:15–16). A continuación Pablo les preguntó respecto a su bautismo.

Nótese: que da por sentado que se habían bautizado, otra indicación de que el bautismo en agua es lo que se espera y lo aceptado para los cristianos. ¿Por qué Pablo les preguntó respecto a su bautismo cuando la cuestión real era la presencia del Espíritu en sus vidas? En Hechos hay una relación definitiva entre el bautismo en agua y el Espíritu Santo.

Puesto que Apolos había sido su instructor, el único bautismo que conocían era el de Juan. Pero el bautismo de Juan ya no era válido. En otras palabras, estos doce hombres no eran salvos: creyeron un mensaje pasado Cristo viene») y recibieron un bautismo pasado (el de arrepentimiento). Eran sinceros, como lo fue Apolos, pero estaban sinceramente equivocados.
Supóngase que le hubieran contestado a Pablo: «Fuimos bautizados en el día de Pentecostés después de oír a Pedro». Entonces deberían haber recibido el Espíritu, puesto que en Hechos 2:38 el Espíritu fue prometido a todos los que se arrepintieron y fueron bautizados. Si no hubieran recibido el Espíritu, sería evidente que no habían creído realmente.
O supóngase que hubieran replicado: «Fuimos bautizados en Samaria» (Hch. 8). Entonces deberían haber recibido el Espíritu mediante la imposición de manos (8:17; 9:17).
O supóngase que hubieran dicho: «Estuvimos en la casa de Cornelio y oímos a Pedro predicar». Entonces hubieran recibido el Espíritu inmediatamente al creer (10:44–45) y hubieran sido bautizados en agua.
Cuando le dijeron que los bautizaron con el bautismo de Juan, Pablo supo enseguida que no eran salvos. Creyeron un mensaje que ya no era válido, puesto que Cristo vino, murió y regresó al cielo.
Por supuesto, Lucas no registra todo lo que Pablo les dijo. Pero ellos creyeron en el mensaje del evangelio (que Cristo ya había venido y muerto) y fueron bautizados con el bautismo cristiano. Recibieron el Espíritu mediante la imposición de manos de Pablo y su evidencia fue que hablaron en lenguas. Esta es la última vez en Hechos que se menciona el hablar en lenguas como muestra de recibir el Espíritu.
Estos doce hombres llegaron a ser el núcleo de la iglesia en Éfeso. Debido a que Dios se apartó del orden usual y les concedió el Espíritu por la imposición de manos fue prueba de que Pablo era igual a los demás apóstoles y, por consiguiente, el siervo de Dios para establecer la Iglesia. Este acontecimiento entero destaca varias verdades:
(1) los pecadores deben creer en el mensaje correcto antes de que se salven;
(2) el bautismo es importante, pero la clase de bautismo que se describe en Hechos 2:38 no es lo que Dios quería para la iglesia de hoy;
(3) un cristiano puede guiar a otros sólo a donde él mismo ha ido;
(4) Pablo fue el mensajero de Dios y tenía igual posición con los otros apóstoles.

II.     Pablo y Siete Impostores Judíos (Hechos 19:8–20):
Pablo pasó tres años en Éfeso (20:31):
·   tres meses en la sinagoga, dos años enseñando en salones alquilados de la escuela de Tiranno y casi nueve meses en varios lugares (19:8–19, 22). Toda Asia oyó la Palabra, porque Pablo enseñaba a los creyentes a llevarles a otros la Palabra.
Dios certificó el ministerio de Pablo con milagros extraordinarios, un indicio de que tales actividades no son normales para el ministerio hoy. El uso y venta actual de «pañuelos y lienzos de oración» es contrario a las Escrituras. Siete judíos trataron de imitar el poder de Pablo (Satanás es el gran imitador), pero les salió el tiro por la culata y los demonios los hicieron huir desnudos y heridos.
Este hecho contribuyó a que el evangelio se difundiera y muchos que habían sido encantadores y magos (farsantes que aducían espiritualismo y otras prácticas satánicas) trajeron sus libros y los quemaron. Éfeso era una ciudad notoria por sus artes mágicas y Satanás estaba detrás de todo el programa. Es maravilloso ver el evangelio penetrando en las fortalezas de Satanás.

III.    Pablo y Los Plateros (Hechos 19:21–41):
Cuando Satanás no pudo lograr estorbar el evangelio mediante los discípulos ignorantes o los impostores judíos, casi tiene éxito con los comerciantes y mercaderes de la ciudad. Éfeso se enorgullecía de tener la custodia de la imagen de la diosa Diana, que se suponía había caído del cielo. Dondequiera que se halla superstición, con frecuencia se halla la exhibición y venta de tales artículos religiosos.
¿Recuerda la venta de sacrificios en el templo judío? La verdadera predicación del evangelio siempre choca de frente con las artimañas supersticiosas destinadas a hacer dinero y Éfeso no era la excepción. El gremio (o sindicato) de plateros pretendió que su preocupación era la religión de la ciudad, ¡pero su inquietud real era la pérdida de su negocio!
El evangelio había trastornado la ciudad de tal manera que la gente estaba alejándose de los ídolos y convirtiéndose al Dios verdadero y esto estaba afectando las ventas «religiosas». Se informa que durante el avivamiento de Gales docenas de cantinas quebraron por falta de clientes.
Los plateros usaron la religión para exacerbar a la gente y el resultado fue una turba. La ciudad entera se llenó de confusión (v. 29), lo cual prueba que la situación nació del diablo, porque Dios no es Dios de confusión (1 Cor. 14:33). Los ciudadanos se precipitaron al inmenso teatro al aire libre, en el que cabían al menos veinticinco mil personas sentadas.
Sabiamente los amigos de Pablo le impidieron que se presentara, porque es más que probable que las autoridades le arrestaran o que la chusma le linchara. El secretario del pueblo tranquilizó a la multitud, advirtiéndoles que estaban en peligro de quebrantar la ley, y los envió a todos a casa.
Satanás estaba ansioso de prevenir el establecimiento de una fuerte iglesia en Éfeso. Esta ciudad había sido una de sus fortalezas por años, con su superstición, idolatría y prácticas de magia. La actividad demoníaca había prevalecido en Éfeso, pero ahora el Espíritu de Dios estaba obrando:
¿Qué tal si Pablo no hubiera detectado la superficialidad de la profesión de fe de aquellos doce hombres, o hubiera tratado de edificar una iglesia local basada en el testimonio de ellos?
¡La obra hubiera fracasado!
¿Qué tal si esos judíos hubieran sido capaces de falsificar los milagros de Pablo?
¿Qué tal si la chusma se hubiera apoderado de Pablo y de sus compañeros y los hubiera arrestado o linchado?
¿Tendríamos la maravillosa epístola a los Efesios? Satanás no quería una iglesia en Éfeso y sin embargo Dios estableció una allí; y una lectura de la carta a los Efesios prueba que fue tal vez la iglesia más espiritual que Pablo jamás fundó. Esta maravillosa epístola bosqueja la verdad de la iglesia en forma clara y el diablo no quería esto.
Satanás todavía estorba la obra del Señor de estas tres maneras: falsos creyentes con una experiencia espiritual inadecuada, falsificadores y oposición abierta. Pero podemos vencer al adversario si confiamos en Dios, dependemos del poder del Espíritu y predicamos la Palabra de Dios.
Notas: adicionales a Hechos 19:1–7 Hay una serie de preguntas que deben contestarse respecto a este difícil pasaje.

A.     ¿Fueron Salvos Estos Doce Hombres?
Toda parece indicar que no lo fueron. En la Biblia la palabra «discípulo» no siempre significa «cristiano». Pablo dio por sentado que habían creído algún mensaje (v. 2), pero la cuestión básica era que no había sido el correcto:
·      La gente de todas las épocas se han salvado por fe en la Palabra revelada de Dios;
·      pero esta Palabra no siempre fue el claro evangelio de la gracia que predicamos hoy.
·      Adán se salvó al creer en la promesa de Dios de una simiente venidera.
Noé, al creer en la Palabra de Dios acerca del juicio venidero. Abraham recibió la salvación al creer que Dios podría hacerle una gran nación. ¡Nadie en esta era de gracia se salvaría creyendo en estas promesas! Nuestra salvación viene cuando confiamos en Cristo y creemos en el evangelio. Estos doce hombres oyeron el mensaje de Juan el Bautista a través de Apolos, unos treinta años después que concluyera el ministerio de Juan.
El Calvario y la resurrección habían intervenido; el mensaje y el bautismo de Juan ya no eran válidos. El ministerio de Juan se enfocaba hacia Cristo y ahora Él ya había muerto y resucitado. El ministerio de Juan había concluido.
«Simple fe» es todo lo que los pecadores necesitan para ser salvos, pero deben creer en el mensaje correcto.

B.     ¿Ignoraban El Espíritu Santo?
Estos hombres ciertamente sabían que había un Espíritu Santo puesto que el mismo Juan lo prometió. Lo que no sabían era que el Espíritu ya había venido e iniciado una nueva era de gracia. Estos hombres recibieron el mensaje de Apolos, cuyo conocimiento espiritual era escaso.
Es posible que Apolos se convirtió al confiar en el mensaje de Juan antes del Calvario y Pentecostés, porque no leemos en Hechos 18:24–28 que lo hayan bautizado de nuevo.
Ninguno de los discípulos de nuestro Señor fue bautizado de nuevo después de Pentecostés, puesto que su fe y bautismo se produjeron en el momento apropiado. Apolos no sabía que el Espíritu había venido y por eso no pudo enseñárselo a sus convertidos.

C.     ¿Por Qué Pablo Bautizó De Nuevo a Estos Hombres?
La respuesta parece ser que el bautismo es un mandamiento para esta era y es parte de la comisión de Cristo a la Iglesia, según Mateo 28:19, 20.

Nótese: que Pablo, en su pregunta del versículo 3, dio por sentado que estos hombres experimentaron alguna clase de bautismo.

Si el bautismo no fuera para esta era, Pablo nunca hubiera hecho la pregunta y con toda seguridad no habría bautizado a estos hombres. A dondequiera que Pablo fue con el evangelio de la gracia de Dios, obedeció las instrucciones de Cristo dadas en Mateo 28: evangelizó, bautizó a los creyentes, los organizó en asambleas locales y les enseñó la Palabra. Esto no significa que Pablo personalmente bautizara, porque su comisión especial como apóstol fue predicar el evangelio (1 Cor. 1:17).
Hoy son pocos, si acaso, los evangelistas que bautizan; pero esto no significa que el bautismo no sea para este tiempo.
Es más, el NT., indica que Pablo bautizó como mínimo a veinte personas:
Ø Crispo, Gayo, la familia de Estéfanas (por lo menos dos personas y quizás más; 1 Cor. 1:14–16),
Ø los doce discípulos en Hechos 19:1–7,
Ø Lidia y su familia (al menos dos personas; Hch. 16:15), y
Ø el carcelero y su familia (un mínimo de dos personas; Hch. 16:30–33).
Los hechos claros prueban que Pablo en efecto practicó el bautismo y lo consideraba importante, pues él mismo bautizó más de veinte personas. Pablo fue el mensajero especial de Dios a la Iglesia y si el bautismo no fuera para esta era, él lo hubiera sabido.

D.  ¿Por qué estos hombres no recibieron el Espíritu Santo cuando creyeron?
El modelo en Hechos es como sigue:
(1) Hechos 1–7: los judíos recibieron el Espíritu al creer y bautizarse (véase 2:38);
(2) Hechos 8–9: los samaritanos y Pablo recibieron el Espíritu por la imposición de manos (véanse 8:17; 9:17);
(3) Hechos 10: los gentiles recibieron el Espíritu cuando creyeron en Cristo (véase 10:44–48).
Este es el modelo de Dios para hoy:
·      oír la Palabra,
·      creer,
·      recibir el bautismo en agua.

Cuando consideramos la situación total en Éfeso podemos entender mejor por qué Dios se apartó de su programa normal e impartió el Espíritu a estos doce hombres por la imposición de manos de Pablo. Éfeso se convertiría en un gran centro de evangelización, alcanzando con el evangelio a las provincias circunvecinas.
El hecho de que Pablo pasó tres años allí indica la importancia de la ciudad. Era el centro de adoración al diablo y de actividades diabólicas, y Satanás hizo todo lo que pudo para impedir el establecimiento de una iglesia.
La iglesia de Éfeso era ante todo gentil. Pablo era judío y era importante que estableciera su autoridad apostólica desde el principio. Dios le dio a Pablo el privilegio de impartir el Espíritu a estos hombres, probando así su autoridad como mensajero de Dios y su igualdad con Pedro, Juan y los demás apóstoles.
Tenga presente que dondequiera que Dios desarrolla su programa y establece un nuevo centro, pone su sello de aprobación sobre el ministerio con milagros extraordinarios. Cuando el evangelio pasó de Jerusalén a Samaria fue acompañado de milagros de confirmación, lenguas y la imposición de manos (Hch. 8:5–17).

Nótese: que en Samaria Satanás trató de impedir la obra mediante un mago. En Hechos 9, cuando Pablo fue ganado para Cristo, hubo una luz del cielo, una voz y la imposición de manos.

En Hechos 10, cuando el evangelio llegó a los gentiles, hablaron en lenguas y glorificaron a Dios. Ahora, el evangelio pasa a la gran ciudad de Éfeso, una ciudad controlada por Satanás, y de nuevo Dios testifica en favor de su obra y sus obreros al darles «milagros extraordinarios» (véase 19:11). Satanás resistió con milagros y obreros falsificados, pero el Espíritu demostró que eran falsos.
La impartición del Espíritu mediante la imposición de manos probó la autoridad de los apóstoles. No hay apóstoles hoy en día, puesto que no hay nadie vivo que haya visto al Cristo resucitado (1:21–26; 1 Cor. 9:1). Esto significa que la imposición de manos ya no es el programa de Dios, porque si lo fuera, Él hubiera provisto personas que lo realizaran. Dios usó a Pablo de esta manera para darle las credenciales necesarias para fundar y guiar a la iglesia de Éfeso.
Es importante tener presente el papel que Apolos desempeñó en esta controversia. Este capaz predicador fue de Éfeso a Corinto (19:1) y llegó a ser parte de una división de la iglesia que incluyó sus partidarios y los de Pedro y Pablo (véanse 1 Cor. 1 y 3). Pablo fundó la iglesia en Corinto y colocó su fundamento, luego vino Apolos para edificar sobre ese fundamento.
Pronto la iglesia se dividió en tres grupos:
·      uno, que seguía a Pablo, el fundador;
·      otro, que seguía a Apolos, el constructor; y
·    un tercer, grupo que quería seguir «al verdadero liderazgo apostólico», ¡de modo que escogieron a Pedro!
·     Estos líderes no causaron ni estimularon estas divisiones, pero de todas maneras resultó así, y en parte se motivó porque la iglesia rehusó aceptar la comisión apostólica de Pablo (1 Cor. 9:1ss).
Ahora transfiera esta situación a Éfeso. Aquí tenemos doce hombres, convertidos por Apolos y el núcleo de la iglesia allí. Imagínese que Dios les hubiera concedido el Espíritu cuando creyeron (cómo en Hechos 10). Ellos siempre hubieran mirado a Apolos como su líder, no a Pablo; el ministerio en Éfeso se hubiera dividido desde el mismo comienzo.
Fue Apolos quien les había enseñado y bautizado, y siempre hubieran cuestionado el liderazgo de Pablo.
No, Dios usó a Pablo para darles a estos hombres un nuevo y fresco comienzo; y de estos doce hombres edificó una gran iglesia en Éfeso. Si no hubiera trabajado de esta manera, tal vez no hubiéramos tenido la magnífica epístola a los Efesios, con sus gloriosas verdades de la Cabeza y el Cuerpo. ¡Satanás se hubiera anotado otra victoria!
El bautismo de Juan fue uno de esperanza anticipada de la venida del Espíritu; el bautismo en agua hoy simboliza la realización de este bautismo del Espíritu en nuestra vida, debido a la obra que Jesucristo consumó en la cruz.


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LEYES SOBRE LOS VOTOS Y LOS DIEZMOS: LEVÍTICO 23:


LEYES SOBRE LOS VOTOS Y LOS DIEZMOS:
LEVÍTICO 23:
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

Las siete fiestas del Señor están repletas de rico alimento espiritual y ameritan cuidadoso estudio. Ya hemos estudiado algunas, de modo que no las volveremos a tratar en detalle, pero otras son nuevas en nuestros estudios.
Es importante notar el orden de estas siete fiestas, porque nos dan un «calendario profético» tanto para Israel como para la Iglesia. El año religioso empezaba con la Pascua, la cual es un cuadro de la muerte de Cristo. Al día siguiente del sabat Pascual (un domingo), los israelitas celebraban la Fiesta de las Primicias, que es un cuadro de la resurrección del Señor de entre los muertos.
La semana siguiente a la Pascua se dedicaba a la Fiesta de los Panes sin Levadura, cuando se eliminaba toda levadura de las casas. Esto ilustra la santificación de los creyentes al quitar el pecado de sus vidas. Todo esto ocurría en el primer mes del año.
Cincuenta días después de la Fiesta de las Primicias está el Pentecostés del NT., la llegada del Espíritu Santo sobre la Iglesia. En el séptimo mes se celebraban tres fiestas. Abría el mes la Fiesta de las Trompetas, recordándonos de la reunión del pueblo de Dios cuando el Señor vuelva.
El décimo día era el Día de la Expiación, ilustrando el limpiamiento del pueblo de Dios; y desde el decimoquinto día hasta el vigésimo, los judíos celebraban con gozo la Fiesta de los Tabernáculos, que es un cuadro de las bendiciones del reino futuro.
El pueblo de Dios es un pueblo esparcido que debe reunirse, un pueblo pecador que debe limpiarse y un pueblo sufriente al que se le debe dar gozo. El largo período (alrededor de tres meses) entre Pentecostés y la Fiesta de las Trompetas habla de la presente edad de la Iglesia, cuando Israel se ha dejado a un lado debido a que rechazó a su Mesías.

I.       La Pascua (Levíticos 23:4–5):
Ya hemos considerado esta fiesta, de modo que refiérase a las notas sobre Éxodo 11–13. Todo depende de la sangre del cordero: no pudiera haber ninguna otra fiesta si no hubiera Pascua. ¡La gente de hoy que quiere eliminar la sangre socaba el mismo cimiento del plan de Dios para las edades!

II.      Los Panes Sin Levadura (Levíticos 23:6–8):
Esta también ya se ha considerado. Es un cuadro del pueblo de Dios limpiando el pecado de su vida (2 Cor. 7:1) y alimentándose en el Cordero para tener fuerza para el viaje.
No invierta estas dos fiestas. ¡Nadie se salva al sacar la levadura (el pecado) y nadie querrá abandonar el pecado a menos que primero haya sido salvado por la sangre! Esta es la diferencia entre la reforma religiosa y la regeneración espiritual, nacer de nuevo por el Espíritu de Dios.

III.    Las Primicias (Levíticos 23:9–14):
Esta fiesta estaba reservada para la tierra de Canaán, cuando la gente tendría campos y cosechas. Sería imposible celebrar tal fiesta en el desierto. El día después del «sabat Pascual» (domingo, el primer día de la semana), el sacerdote mecía la primera gavilla de trigo ante el altar como una señal de que la cosecha completa le pertenecía al Señor.
Este es un cuadro de la resurrección de nuestro Señor, puesto que 1 Corintios 15:20–21 definitivamente le llama «las primicias». Adorar en el día del Señor no fue una invención de la Iglesia, como algunos enseñan.
¡Estaba escrito en el calendario de Dios siglos antes! Debido a que Cristo, las primicias, vive, toda la «cosecha de la resurrección» le pertenece a Dios. Nadie será olvidado. La promesa es cierta: «Porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Jn. 14:19).

IV.    Pentecostés (Levíticos 23:15–22):
«Pentecostés» quiere decir: «cincuenta» y cincuenta días después de la resurrección de Cristo vino el Espíritu Santo (Hch. 2). Durante cuarenta días Cristo ministró a sus discípulos (Hch. 1:3) y otros diez días ellos oraron y esperaron a que llegara el Pentecostés.
La «ofrenda del nuevo grano» (v. 16) se componía de dos hogazas de pan, simbolizando a los judíos y gentiles bautizados en un solo cuerpo, la Iglesia, por el Espíritu Santo (1 Cor. 12:13). El hecho de que se permitía levadura nos ilustra que hay pecado en la Iglesia en la tierra hoy.
¡Gracias a Dios que el día llegará cuando no habrá levadura entre el pueblo de Dios!

Nótese: también que el sacerdote presentaba los panes y no gavillas de trigo, porque ahora los creyentes han sido unidos en Cristo por el Espíritu. Es después del Pentecostés que tenemos la larga brecha cuando no hay fiestas. Hay tres fiestas en el primer mes y tres en el séptimo, con Pentecostés entre ellas. Esta larga brecha habla de la presente edad, la edad de la Iglesia. Israel ha rechazado al Cordero; no puede recibir al Espíritu hasta que reciba al Mesías; y está esparcido por el mundo. No tiene ni templo, ni sacerdocio, ni sacrificio, ni rey. ¿Cuál es su futuro? Se ve en las siguientes tres fiestas.

V.      Las Trompetas (Levíticos 23:23–25):
Como nación a Israel se le instruía mediante las señales de los sacerdotes que tocaban las trompetas (Núm. 10). La Fiesta de las Trompetas ilustra la reunión de Israel cuando las trompetas de Dios los llamarán desde los extremos de la tierra. Léanse Isaías 27:12–13 y las palabras de Cristo en Mateo 24:29–31.
Por supuesto, aquí hay una aplicación para la Iglesia, porque esperamos el toque de la trompeta y la venida de nuestro Señor en el aire (1 Cor. 15:52ss; 1 Ts. 4:13–18).
 Los judíos tocaban las trompetas para congregar a la asamblea y esto es lo que nuestro Señor hará cuando reúna a sus hijos. Los judíos también tocaban trompetas para la guerra y una vez que Cristo haya sacado a todos sus hijos de la tierra, declarará guerra a las naciones.

VI.    El Día De La Expiación (Levíticos 23:26–32):
Esto se explicó antes en nuestras notas sobre Levítico 16–17. Cuando Dios haya finalmente reunido a los judíos, le revelará a Cristo y «mirarán al que traspasaron». El Día de la Expiación futura de Israel se describe en Zacarías 12:10–13:1. Lea con cuidado estos versículos.
Será un día de lamentación por el pecado, un día de limpiamiento mediante la sangre del Cordero. Hay algunos que aplican el Día de la Expiación al tribunal de Cristo, cuando los santos de Dios darán cuenta de las obras hechas en el cuerpo.
Su aplicación fundamental, no obstante, es a la nación de Israel. Sin duda, en el tribunal de Cristo la Iglesia será limpiada de toda contaminación y hecha hermosa para las bodas del Cordero.

VII.   Tabernáculos (Levíticos 23:33–44):
Durante siete días los judíos debían vivir en cabañas o tabernáculos, recordándoles la provisión y protección de Dios cuando estaban en el desierto. Pero también hay una futura Fiesta de los Tabernáculos para Israel que será cuando el Rey haya sido recibido y la nación restaurada.
Léanse más detalles en Zacarías 14:16–21. Así, esta fiesta habla del futuro reino milenial que Dios ha prometido para los judíos. Esta fiesta seguía a la cosecha (v. 39), lo cual nos enseña que Dios reunirá toda su cosecha antes de que Cristo establezca su reino terrenal:
· Esta debía ser una fiesta de regocijo, no de tristezas; y
· por cierto, todos los cielos y la tierra se regocijarán cuando Cristo reine desde Jerusalén.
Este capítulo es el «itinerario profético» de Dios y no sabemos cuándo se tocarán las trompetas. ¡Cuán importante es que estemos listos para el toque de la trompeta y la venida del Señor!






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lunes, 6 de agosto de 2018

EL MINISTERIO EN CORINTO: [1] HECHOS 18:


EL MINISTERIO EN CORINTO: [1]
HECHOS 18:
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

De Atenas Pablo se dirigió a Corinto[1], una de las ciudades más grandes de esa época. Era famosa por varias razones:
Ø Su alfarería y artesanía en bronce;
Ø sus grandes eventos deportivos que se comparaban con los juegos olímpicos; y
Ø su inmoralidad y perversidad.
De una cuidad de cultura refinada, como Atenas, Pablo llevó el evangelio a la perversa ciudad de Corinto, ¡y por la gracia de Dios estableció allí una iglesia!

I.       Pablo Halla Nuevos Amigos (Hechos 18:1–3):
Se acostumbraba que los padres judíos enseñaran a sus hijos un oficio, incluso si estos iban a ser rabíes. El oficio de Pablo era hacer tiendas, habilidad que usó lucrativamente para sostener su ministerio en Corinto (véase 1 Cor. 9:15). Fue por medio de su oficio que se encontró con una pareja cristiana, con la cual vivió y ministró mientras establecía la iglesia en Corinto. ¡Cómo se debe haber regocijado Pablo al tener compañerismo con estos santos!
Pablo no tenía su propio hogar y sus viajes hacían difícil que tuviera compañerismo por mucho tiempo en algún lugar. Más tarde, Priscila[2] y Aquila[3] fueron con él a Éfeso, donde instruyeron a Apolos (vv. 18, 24–28).
Tenían un grupo cristiano en su casa de Éfeso (1 Cor. 16:19), pero posteriormente Pablo los saludó en Roma (Rom. 16:3). Ellos nos son buenos ejemplos de cristianos que abrieron sus corazones y sus hogares para servir al Señor.
En los versículos 24–28 hallamos a Aquila y Priscila explicando el evangelio de gracia al orador visitante, Apolos. Él conocía solamente el bautismo de Juan, lo que quiere decir que nunca había aprendido del bautismo del Espíritu y la fundación de la Iglesia. En lugar de abochornarlo en público, Priscila y Aquila le llevaron a casa y le enseñaron la Palabra.
Apolos nos demuestra que es posible tener elocuencia, celo, sinceridad ¡y sin embargo estar equivocado! Dios guió a Apolos a Corinto y allí le dio un poderoso ministerio (véanse 1 Cor. 3:6; 16:12).
Pudiéramos añadir una palabra respecto al empleo de Pablo en Corinto. Él mismo reconoció que su costumbre de ganarse su sustento era algo único. El modelo escriturario es que «los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio» (1 Cor. 9:14). En su trabajo misionero pionero Pablo deliberadamente sufragó sus gastos para que ninguno le acusara de «predicar por dinero». Léase en 1 Corintios 9 su clara explicación.

II.     Pablo Funda Una Nueva Iglesia (Hechos 18:4–17):
Pablo empezó en la sinagoga, pero el testimonio duró tan solo poco tiempo; entonces se volvió a los gentiles. (Véase 13:46). Por ese mismo tiempo salió de la casa de Priscila y Aquila, y se fue a la de un gentil llamado Justo, que era un prosélito judío y cuya casa estaba cerca de la sinagoga. Es evidente que Pablo no quería crear dificultades a sus anfitriones judíos, ahora que se había dedicado a predicar a los gentiles. Pero el versículo 8 nos dice que el principal de la sinagoga había creído, ¡lo mismo que muchos de los corintios!

Nótese: la secuencia en el versículo 8: oír, creer, ser bautizado. Este es el modelo para hoy. En 1 Corintios 1:14–17 Pablo nos informa que él mismo bautizó a algunos en Corinto (1 Cor. 1:11–17), lo cual prueba que el bautismo en agua es una orden para esta edad.

Es muy probable que Silas y Timoteo (v. 5) fueran los que más bautizaban, puesto que la misión principal de Pablo era evangelizar. Dios le dio una promesa especial de éxito y él permaneció dieciocho meses en la ciudad.
Un cambio en los líderes políticos provocó nueva oposición, pero Pablo todavía se quedó (v. 18) para predicar y enseñar.

Nótese: que hay un nuevo principal en la sinagoga, Sóstenes (v. 17, véase v. 8). Parece que la salvación de Crispo hizo necesario que los judíos eligieran un nuevo dirigente; pero si el Sóstenes del versículo 17 es el mismo que se menciona en 1 Corintios 1:1, ¡también él se convirtió!

Nótese: que los que se bautizaron eran creyentes (v. 8); esta lista excluye infantes.

III.    Pablo Termina Su Segundo Viaje (Hechos 18:18–22):
El voto que se menciona en el versículo 18 presenta un problema, y tal vez no podamos contestar todas las preguntas que plantea. Tal vez se trate del voto nazareo puesto que incluía dejarse crecer el cabello (Núm. 6). El pelo se cortaba al finalizar el período del voto y Pablo lo hizo en Cencrea, el puerto marítimo de Corinto. Si Pablo ofreció los sacrificios exigidos cuando llegó a Jerusalén, no lo sabemos, porque se guarda silencio.
Es posible que este voto lo hiciera después que Dios lo libró a él y a sus compañeros durante el levantamiento descrito en los versículos 12–17. Este voto quizás fue en acción de gracias a Dios, puesto que tales votos eran puramente voluntarios.
Para los judíos Pablo se hizo como un judío (véase 1 Cor. 9:19–23), no por compromiso, sino por cortesía. Sin dudas, Pablo sabía que no había méritos en tales votos, ni tampoco necesariamente sentaba un ejemplo para los creyentes de hoy.
Entendía con claridad el significado de la gracia de Dios y no estaba retrocediendo al legalismo de las prácticas ceremoniales. Es evidente que finalizar este voto en Jerusalén era algo de suma importancia para él, tanto así que no se quedó en Éfeso a pesar de que los judíos se lo pidieron.
Pablo regresó a Antioquía e informó a la iglesia. También saludó a los hermanos de Jerusalén. Después de un tiempo (tal vez varios meses), volvió a visitar las iglesias para confirmarlas en la fe. Si usted repasa Gálatas verá por qué: los maestros «judaizantes» habían invadido estas jóvenes iglesias y estaban enseñando a los nuevos convertidos que debían obedecer la Ley de Moisés.
Pablo se sintió responsable de las iglesias y por eso viajó de nuevo para enseñarles la Palabra y confirmarlas en la fe. Lucas registra este tercer viaje en Hechos 19:1–21:16.
La mayoría de la narración trata de su gran ministerio por tres años en Éfeso.
___________
Nota:
[1] G2882 Κόρινθος = Kórindsos: de derivación incierta; Corinto, ciudad de Grecia:- Corinto. (Strong).
[2] G207 Ἀκύλας = Akúlas: probablemente por el latín aquila (águila); Aquila, un israelita:- Aquila.
[3] G4252 Πρίσκιλλα = Prískila: dim. de G4251; Priscila (i.e. pequeña Prisca), una cristiana:- Priscila.




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LEYES SOBRE LA VIDA DE LOS SACERDOTES: LEVÍTICO 21–22:


LEYES SOBRE LA VIDA DE LOS SACERDOTES:
LEVÍTICO 21–22:
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

Los sacerdotes en general, y el sumo sacerdote en particular, debían mantener las normas más elevadas de carácter y conducta; y nunca debían ofrecer sacrificio por debajo de las normas:
·   En esto, eran un cuadro de nuestro Señor Jesucristo, el sumo Sacerdote perfecto y el sacrificio perfecto (Heb. 7:26–28; 10:1–14).
·     También presentan un reto al pueblo de Dios como sacerdotes (1 P. 2:5, 9) y sacrificios (Rom. 12:1) a dar lo mejor a Dios.

Nótese: la repetición de las palabras contaminarse, profanar, mancha, inmundo, santo y santificar. El tema es el carácter y conducta santa de los siervos de Dios al ministrar al Señor y a su pueblo. Dios advierte que al servirle no debemos profanarnos (21:5), ni el nombre de Dios (21:6; 22:2), ni el santuario de Dios (21:12), ni nuestros niños (21:15), ni las cosas sagradas que manejamos en el ministerio (22:15).

Una de las tragedias en toda la historia de Israel fue la contaminación del sacerdocio, que a la larga condujo a la contaminación de la nación. Si el pecado más grande es la corrupción del mejor bien, los sacerdotes judíos lograron cometer el pecado más grande; porque corrompieron el sacerdocio con su carácter impío, su mala conducta y su ministerio negligente de las cosas santas de Dios (véase Malq. 1:6–2:9).
Desafortunadamente la iglesia de hoy ha hecho del ministerio mercancía y mofa; y la iglesia necesita con desesperación un avivamiento de santidad.

I.       Sacerdotes Perfectos (Levíticos 21:1–22:16):

Estas leyes conciernen al comportamiento de los sacerdotes en relación al duelo por los muertos, el matrimonio y la conducta en las relaciones familiares.

A.      Conducta De Los Sacerdotes (Lv.21:1–9).
En el campamento de Israel una persona se contaminaba si tocaba un cadáver o incluso si entraba en una casa donde había un cadáver (Núm. 19:11–22). El sacerdote común podía contaminarse por miembros de su familia inmediata, pero no por otros parientes o amigos:
Ø Ningún judío debía seguir las prácticas del duelo pagano (19:27–28; Dt. 14:1).
Ø La razón para estas leyes aparece en los versículos 6 y 8: los sacerdotes ofrecen los sacrificios a Dios y han sido apartados para Él (véanse 21:15, 23; 22:9, 16, 32).

·  Ningún sacerdote debía casarse con una prostituta ni divorciada, porque esto podía introducir en la tribu sacerdotal hijos no engendrados por un hombre de la tribu de Leví (véase v. 15).
·  A ninguna hija de un sacerdote debía permitírselo vivir si se había involucrado en inmoralidad (véanse 20:14 y Gn. 38:24).

 B.     La Conducta Del Sumo Sacerdotes (Lv.21:10–15).
Debido a su unción y posición delante de Dios, se esperaba que el sumo sacerdote fuera aún más ejemplar que los sacerdotes ordinarios.

Dios siempre espera más de los líderes. El sumo sacerdote no podía contaminarse ni siquiera por sus padres, ni podía mostrar las señales normales de luto. El versículo 11 no enseña que el sumo sacerdote vivía en el tabernáculo, porque Números 3:38 nos dice que su tienda estaba levantada en el lado oriental del tabernáculo.
Este versículo instruye al sumo sacerdote a estar siempre de turno y a no dejar el recinto del tabernáculo ni siquiera por un funeral. Debía casarse con una virgen para asegurar a la nación que el próximo sumo sacerdote era en realidad su hijo.

C.      Las Características De Los Sacerdotes (Lv.21:16–24).
Tanto los sacerdotes en el altar como los sacrificios sobre el altar (22:17–25) debían de ser sin tacha. Aun cuando no sabemos a ciencia cierta cuáles defectos se indican por algunos de estos términos, es claro que Dios quería que sus ministros fueran perfectos físicamente.
De nuevo, esto magnifica las perfecciones de nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo. Por cierto que el Señor no incluye perfección física como un requisito para el ministerio actual (1 Tim. 3); el énfasis está en la madurez espiritual y moral. ¡Pablo tenía un aguijón en la carne que inclusive le capacitó más para servir!

D.     Regulaciones Para Los Sacerdotes (Lv.22:1–16).
Los sacerdotes debían «tratar con respeto» las cosas santas de Dios manteniéndose libres de contaminación. Qué tragedia si el santo siervo de Dios contamina todo lo que toca debido a su contaminación (véase Mt. 23:25–28).
Moisés repitió algunas de las causas de contaminación que ya había explicado en detalles en los capítulos anteriores:
Ø Lepra (caps. 13–14),
Ø úlceras purulentas (cap. 15).
El sacerdote que ministraba con presunción mientras estaba impuro corría peligro de muerte (vv. 3, 9).
Además de evitar las cosas inmundas, los sacerdotes debían ser cuidadosos respecto a cómo servían las cosas santas. Sólo ellos podían comer de las porciones que se tomaban de las ofrendas vegetales, de las ofrendas por el pecado y las ofrendas por las transgresiones; pero los miembros de la familia del sacerdote podían participar y comer de las demás ofrendas.
La persona debía ser un miembro de la familia por nacimiento o compra. La hija que se casaba con alguien que no era sacerdote quedaba excluida. Cualquiera que comía involuntariamente del alimento santo debía pagar una multa.

II.     Sacrificios Perfectos (Levíticos 22:17–33):
Dios siempre merece lo mejor de lo mejor y no debemos atrevernos a traerle lo defectuoso (Malq. 1:6–2:9). La sangre de un sacrificio defectuoso nunca podía agradar a Dios ni expiar el pecado. Incluso más, estos sacrificios eran tipos del Señor Jesucristo y Él es el sacrificio perfecto (Heb. 9:14; Ef. 5:27).
Ofrecer a Dios sacrificios defectuosos era profanar su nombre.
Las leyes relativas a la matanza de estos sacrificios muestra la ternura de Dios hacia los animales (vv. 27–28).
No separará a la cría demasiado pronto de la madre. Dios también se preocupa por las aves (Dt. 22:6–7) y por los árboles (Dt. 20:19–20).

El capítulo cierra con el recordatorio de Dios de las razones que deben motivar a su pueblo al sacrificar: Él es el Señor que los ha apartado como su pueblo, Él los libró de la esclavitud de Egipto y estos son sus mandamientos.
Los creyentes de hoy no traen sacrificios de animales a Dios porque todo el sistema concluyó en la cruz:
·      Pero sí le presentamos nuestros cuerpos (Rom. 12:1–2),
·      las personas que hemos ganado para Cristo (Rom. 15:16),
·      nuestra alabanza (Heb. 13:15),
·      nuestras buenas obras (Heb. 13:16),
·      un corazón quebrantado (Salm. 51:17), y
·      nuestras oraciones (Salm. 141:2).
Puesto que nada que le ofrecemos es perfecto, debemos ofrecer nuestros sacrificios por medio de Jesucristo para que puedan ser acepto a Él (1 P. 2:5).



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